El tomate es originario de América, de los bajos Andes, y fue cultivado por los aztecas en México. La palabra azteca "tomatl" significaba simplemente "fruta hinchada" y los conquistadores españoles lo llamaron "tomate", también los mexicas o aztecas lo conocían como xīctomatl, "fruto con ombligo". El tomate, junto con el
maíz, la patata, el Chile y la batata fueron introducidos en España a
principios del siglo XVI gracias a los viajes de Colón.
Aunque
el tomate se considera una verdura debido a sus diversos usos culinarios, es de
hecho una fruta de la familia de las solanáceas. Es un pariente próximo de la
patata, el pimiento y la berenjena. Existen evidencias arqueológicas que demuestran
que el tomate verde, una especie que produce una fruta ácida y de color verde,
que aún se consume en México, fue usado como alimento desde épocas
prehispánicas. Esto hace pensar que el tomate rojo común también fue cultivado
y usado por los pueblos originarios mesoamericanos desde antes de la llegada de los españoles.
En 1544, un herborista italiano
Mattioli se refirió a los frutos amarillos de la planta del tomate como
"mala aurea" (manzana de oro). Ese mismo año, otro herborista
holandés, Dodoens, realizó una descripción detallada del fruto, el cual se ganó
la reputación de afrodisíaco, lo que explicaría los nombres de "pomme d'
amour" en francés, "pomodoro" en italiano y "love
apple" en inglés.
Al principio se pensaba que era
una planta venenosa por la presencia de tomatina, un alcaloide que se encuentra
en sus hojas y frutos inmaduros, así que inicialmente sólo se usaba como planta
ornamental. Afortunadamente para nosotros eso fue cambiando en el siglo
XVIII, cuando se incorporó como un ingrediente culinario más.

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